Claudia Huaiquimilla

El año 2012 participé por primera vez en FICValdivia con San Juan, un cortometraje realizado con pocos recursos mientras estaba en la escuela, donde actuaron familiares y vecinos. El día de la muestra fue la primera vez que muchos de ellos bajaron del campo para ir al cine. La experiencia fue impactante, para ellos y para mí. Creo que por primera entendieron que el hecho de que estudiara cine, no significaba que iba a aparecer en una teleserie o animando un matinal (como tantos otros creen). Y dejaron de preguntar por qué les hacía repetir tantas veces una acción cuando llevé ese grupo de chascones a grabar un fin de semana. Tras verse en pantalla, la pregunta era otra: ¿cuándo grabamos de nuevo?

Ese pequeño trabajo dio paso a mi ópera prima, que tuvo su primer empujoncito el año 2013 nuevamente en FICValdivia, con el Premio ARCOS a Mejor guión en Desarrollo. Recién ahí, nos tomamos en serio el sueño de hacer una película. El año 2016 este se volvió realidad y Mala junta tenía su estreno mundial en la región donde fue filmada, como parte de la Competencia Nacional de Largometrajes.

El día del estreno, como es común en Valdivia, llovía a mares. Ahí, un señor se acercó amablemente, supongo que ante mi cara de terror, y me dijo: “Tranquila, van a llegar los que tienen que llegar…los elegidos”. Tenía razón. Más de 400 personas llenaron la emblemática Aula Magna de la Universidad Austral, una experiencia hermosa y catártica que no se olvida. Tras eso, enigmáticamente y durante todo un año, cada vez que mostraba Mala junta se ponía a llover. Donde fuera que estuviera. Me gustaba pensar que era un buen augurio, que Valdivia me seguía acompañando.

Sin embargo, recuerdo haberle porfiado a la organización ese año, insistiendo en realizar la primera función fuera de Valdivia, a una hora, en la comuna donde fue grabada la película y con los vecinos. Para el estreno no fue posible, pero al poco tiempo el Festival, en conjunto con el Centro de Promoción Cinematográfica de Valdivia, hicieron este sueño realidad. Y el cine viajó hasta la comunidad, permitiendo que cientos de estudiantes y vecinos, no sólo de Mariquina, si no que de toda la región de Los Ríos, vieran Mala junta de manera gratuita y con una bella proyección. Además hubo conversatorios y algunos espectadores se sacaron fotos con el Pudú como si se tratara del Óscar. Lo sentían propio.

Ante todo esto, es imposible no ver a FICValdivia como un hogar y una escuela, que no sólo me ha acogido, sino que me ha impulsado a continuar con la idea de expresar a través del cine. Y se ha vuelto una cita imperdible de octubre el estar a orillas del Calle Calle, pasear por el jardín botánico y hacer fila para entrar al Aula Magna nuevamente, a ver los próximos Clásicos del Futuro.